Hoy quería empezar el gimnasio. Verdaderamente estaba muy, digamos, emocionada. Tenía todo listo, preparado, cocinado. Tendría que haber empezado ayer, pero ¿qué pasó? Los viejos querían ver el lugar, al pedo. El punto es que hoy empecé mi día muy pum, para arriba porque a la tarde IBA A IR AL GIMNASIO. ¿Qué mejor que eso? Iba a poder empezar con mi dieta perfecta, todo encajaba en su lugar. Pero como siempre, o casi siempre, algo tuvo que salir mal. ¿Qué fue? La lluvia torrencial que duró lo que tardé desde la casa de la blonda hasta la mía. Pero ¿qué onda? Planeta Tierra ¿estás en mi contra? ¿Acaso no querés que vaya al gym? Justo en ESE momento tuviste que decidir ponerte a llorar de una manera inexplicable e innecesaria? ¿No podías esperar a que llegara al amado gimnasio para empezar con tus circos? NO, tenías que cagarme todo el plan que tenía. Gracias (es irónico, espero lo tengas asumido). Además me hacés decirle a la gente que sí, que voy a ir para después, a último momento obligarme a cambiar mis palabras porque SABÉS lo exagerada que es la Gá, que de cualquier gotita de aguita hace una catarata más grande que las de Iguazú e inunda una pileta más grande que todos los océanos juntos. Como plus, SABÍAS que no podía tirar de la soga porque está a menos de un pelito de romperse, entonces no me podía mandar sola, desobedecer y estar a las 18 hs en el amado e idolatrado lugar ubicado en Josema. ESOOOO ESOO ESOOOOOO es MALDAD. No creo haberte hecho NADA pero escuchame cuando te digo NADA TAAAAAN malo como para que me pagues con esta indeseable moneda (si hubieran sido euros, TAL VEZ te lo perdonaría).
Continuaba diciendo que, al final, me quedé en mi casa. Todo mal, esto no se queda así,
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