Estaba en el gimnasio cuando me dí cuenta de que tengo una panza enorme. No podía parar de mirarme en el espejo y verme como un zumo. Se me llenaban los ojos de lágrimas. Quería patear todo pero las cosas no tienen la culpa, pobres. Lo peor es que me sentía re mal. Tenía como una especie de aguja que me pinchaba el pecho cada vez que me movía muy rápido o saltaba.
Sigo sosteniendo que Joey es una de las mejores personas que puede existir en la faz de la tierra. Gracias es muy pero muy poco. Lamento que no haya manera de demostrar todo mi agradecimiento y de retribuirte por todo.
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