martes, 6 de diciembre de 2011
Perdida
Se sentía encerrada, ¿sentía? Vivía una vida que no quería vivir, pero tampoco tenía el valor de cambiarla. ¿Vivía? Estaba en la nada, ¿lo estaba? Sí, estaba perdida, no conocía el rumbo a casa. Pero ella no quería estar en casa, ahí se sentía más encerrada todavía. No sabía qué hacer. Miró un instante a su alrededor, no vio más que caras conocidas, ninguna le resultó lo suficientemente cercana como para acercarse a hablar. Se sentó en el suelo a esperar que las horas pasaran, prefería vivir una vida pasiva antes que la que estaba viviendo. Quería llorar, ¡rayos, quería llorar! pero ni una lágrima corría por su mejilla. El llanto, contenido en su garganta, la empezó a consumir. No tenía siquiera una mínima fuerza para pronunciar sonido. La gente que la rodeaba ya no podía hacer nada porque ella misma se había dejado vencer. Y ahí estaba ella, tirada en el piso, quedándose dormida, sumergiéndose, tal vez, en un sueño infinito. Y, era lo mejor que le podía pasar...
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