domingo, 24 de julio de 2011

Voy caminando desde algún lugar desconocido hasta mi casa. No sé en qué momento del trayecto, recibo un tiro en el estómago, pero yo sigo caminando como si nada hubiera ocurrido. De repente, me detengo un instante en el medio de la calle mientras se me dibuja una sonrisa en la cara como hacía tiempo que no se dibujaba.
No sé cómo llegar a mi casa, olvidé el recorrido. ¿Eso importa? Yo sigo y sigo y sigo caminando, me tiene sin cuidado a dónde puedo terminar.
¡Cuidado, me estoy desangrando! ¿Ah, sí? ¿Y? No es relevante
Al parecer pasó mucho tiempo, aunque a mí me parecieron apenas segundos. Me encuentro abriendo la puerta de mi casa, todavía no comprendo cómo llegué hasta ahí. Camino por el pasillo y veo que tengo una herida. ¿Veo? ¿Acaso no sabía ya que la tenía? Recapacito un instante: ¡Oh, nadie se tiene que dar cuenta de que estoy lastimada! Vuelvo a sonreir, espontáneamente. Entro a mi casa, saludo a mi Mamá, la abrazo y un escalofrío recorre mi cuerpo: sé que esa va a ser la última vez que la vea, va a ser la última oportunidad que tenga para amarrarla en mis brazos. Hay tantas cosas que quiero decirle, pero no hay tiempo, se que no lo hay, pero no estoy asustada por eso. Le digo que la amo, le agradezco por haberse desvivido por mí y le pido disculpas por no haber valorado nada, absolutamente nada de lo que me dio. Y no, ella no se percata de que tengo una herida. Se me pinta un lagrimón. Adiós
Estoy en la cama, aparece delante de mí una hoja y una lapicera, ¿las traje yo hasta aquí? Da igual. Poseo unos instantes para escribir algo que pueda significar mi despedida. ¿Quiero despedirme? Tal vez no sea lo correcto hacerlo. Hay muchas cosas que quiero expresar y que a la vez quiero llevarme conmigo.
Escucho que alguien me habla. ¿Quién? No logro saberlo porque, no sé cuál es el motivo, pero veo a todas las personas como si fueran la misma, como si no tuvieran otra cara que no sea la de una sola. En el fondo sé que estoy equivocada, que hay personas que tienen rasgos diferentes pero en ese momento no puedo hacer diferencias. Me pregunta cómo estoy, pero no puedo contestarle que me siento radiante, no puedo explicarle la satisfacción que me provoca estar agarrada de una mano a la muerte, esperando a que venga a buscar la otra. Mi voz no sale. Entonces me limito a contestar un bien, gracias. En definitiva es todo lo que aquel ser necesita saber para continuar con su vida. ¿Y si hubiera estado destrozada? No se lo iba a decir porque eso no era lo que tenía que escuchar.
La carta ya está hecha, la guardo en mi cajón. Si alguien decide revisarlo, podrá encontrarla, en caso de que quiera, y la podrá mostrar a quienes está dirigida.
Estoy en la cama. Debería dormirme temprano porque al otro día quedé con las chicas en ir a tomar algo. ¿Llegaré? ¿Tendré, acaso, tiempo para ello? El dolor es cada vez más punzante. Tengo tanto frío, y cada segundo que pasa mi cara se vuelve más pálida. Las sábanas blancas ya no lo son: un rojo fuerte ocupa gran parte de lo que en algún momento fue blanco. Y esta vez no solo se puede apreciar mi sonrisa, sino que se me escapa una leve carcajada. Lo que me debería doler, no me duele, al contrario, me está manteniendo viva. Me agarro de eso para resistir un rato más.
Por fin llegó el momento, estoy a un segundo de conseguir lo que anhelé en el último tiempo. Estoy tan cansada de aguantar, me estoy dejando llevar. Me relajo y espero a que la muerte aparezca para llevarme, definitivamente, con ella.
¡Hey, esperá! Hay muchas cosas que no hiciste y que soñaste con hacer. Aguantá, pedí ayuda y hacé lo que siempre quisiste hacer. Hay posibilidades todavía... Tenés razón en todo, pero no lo voy a hacer. No te preocupes porque ahora tengo un nuevo y único sueño, y lo estoy cumpliendo: morir. Falta poco...
Interrumpen el momento, me llaman, me piden que ponga la mesa. Bajo, comportándome como lo hago todos los días, disimulando todo lo que hay que disimular, en el caso que hubiera que hacerlo. Una punzada deja entrever que algo no anda bien, nadie se da cuenta de eso. Mi papá, Marcelo y yo nos sentamos a la mesa y ahí estoy, hablando, debatiendo (como si eso fuera a importar en un futuro, ¡claro que no!). Me retiro de la mesa y antes de subir les doy un beso en la frente a cada uno. Me quedo mirándolos un instante: cada uno, a su manera, es tan perfecto. Papá ha cometido sus errores, como todo ser humano, pero tiene un corazón tan bondadoso, tan lleno de amor. Quiere lo mejor para nosotros, lo sé. Y mil perdones porque nunca me esforcé lo suficiente para entenderte. Mi hermano, mi hermano tuvo que soportar tanto. ¿Cómo pedirte perdón? ¿Cómo? Si supieras lo arrepentida que estoy de no haber aprovechado el tiempo, ¿por qué? ¿Por qué fui tan estúpida? Estoy tan orgullosa de vos: tus ideas, tus principios y valores son tan correctos. Ojalá nunca pierdas ese camino. Sé que vas a ser muy feliz: aunque trates, a veces, de ocultarlo, tenés un corazón inmenso y tus ganas de ayudar son aún más grande que tu corazón. Te amo, los amo. En silencio me despido, aunque no estoy segura que después de la muerte me vaya a acordar de ellos. Uno nunca sabe qué es lo que le espera. Me está costando caminar porque mi cuerpo ya no aguanta tanto dolor. Han pasado siete horas, veinticuatro minutos, siete segundos desde que recibí el disparo. Wow, no sé cómo pude soportar tantas horas de dolor y de desangramiento. Llego a la cama, me acuesto, me quedo dormida. ¿Morí? Espero que no haya sido solo un sueño...

viernes, 22 de abril de 2011

El no poder tener la situación bajo control, me desestabiliza. Tengo que intentar no perder la calma. Oooooooommmm

miércoles, 13 de abril de 2011

Cada vez que quiero hablar con vos sobre ciertos temas, no puedo decir nada sin que se me caiga una lágrima y sin que se me haga un nudo en la garganta. Intento disimularlo, que no te des cuenta de que las cosas que decís y, a veces, hacés, me hacen mal. Igualmente, si lo supieras, no harías nada para cambiarlo porque "voy a hacer lo que pueda, y lo que pueda no lo haré". Y no, si no te esforzás, no vas a poder. Me gustaría que me la hicieras un poco más fácil, o que directamente me evitaras este momento. Así y todo, te sigo apoyando, siempre. . Mi error: sé que no tengo que esperar nada de vos. Es que siempre me olvido de esa parte y pienso que vos vas a estar ahí en todo momento, para solucionar cualquier problema que me pueda surgir. Dicen que soñar no cuesta nada... Aunque no está bueno que me ilusione con algo que, de antemano sé, que no va a suceder.

martes, 12 de abril de 2011

Quiero llorar. Quiero reir. Quiero gritar. Quiero callar. Quiero saltar. Quiero sentarme. Quiero putear.Quiero abrazar. Quiero comer. Quiero no comer. Quiero alejarme. Quiero pertenecer. Quiero luchar. Quiero dejarme vencer. Quiero ganar. Quiero perder. Quiero irme. Quiero quedarme. Quiero estar bien. Quiero estar mal. Quiero tirarme. Quiero levantarme. Quiero cortarme. Quiero no cortarme. Quiero ser. Quiero no ser. Quiero correr. Quiero caminar. Quiero volar. Quiero ser invisible. Quiero que me vean. Quiero. Quiero. Quiero. Quiero vivir pero quiero morir.

domingo, 10 de abril de 2011